Álex y el camino más difícil

Álex nació un seco y caluroso mes de junio, tan habitual en Madrid por estas fechas. Su llegada al mundo no fue sencilla, pero no por lo que cualquiera podría pensar ante esta frase tan manida asociada a las dificultades del parto. Fue mucho antes de ese momento tan crucial para una madre y su hijo. No fue fácil traerle hasta mi vientre, hacer que ese milagro natural –curiosa paradoja– se materializara más allá del anhelo, de la esperanza.

Alex vino a mí por el camino más difícil, porque no todos pueden orientarse en la inmensidad de ese limbo que precede a la existencia. Algunos necesitan ayuda, luces que alumbren el camino –como si fueran las migas de pan que dejaban Hansel y Gretel– y mucha paciencia para recorrerlo. Y en ese recorrido, mi pequeño contó con toda el apoyo y la energía de su madre y de su padre; pero, también, con los mejores guías: los fareros que manejaron la luz en la marea, que fijaron la dirección y el rumbo para que mi pequeño llegara a puerto. Por esa razón, hoy les doy las gracias. De corazón.

A Charlotte, siempre tan didáctica en sus detalladas explicaciones para llevar a cabo un proceso tan complicado para nosotros: poner la medicación, con sus dosis, los pinchazos, los horarios… tantas dudas y tan bien resueltas.

A Teresa, por su sonrisa cada vez que le pedíamos una nueva cita en un día que nos viniera bien a los dos (no era fácil con los viajes de trabajo). Teresa, gente positiva como tú hace que este tipo de situaciones sean más llevaderas desde el primer momento que entras por la puerta de la clínica.

A Pablo, el guardián del laboratorio, por mimar la materia prima con la que se alimentan los sueños, nuestros sueños. Por recomendarnos la técnica más adecuada a nuestro caso, apostando por la fecundación in vitro respecto a la microinyección espermática. Funcionó, Pablo.

A la doctora Ana Serrano, por su pericia, su habilidad, su técnica en un gesto tan determinante como es la transferencia embrionaria. Supiste elegir el mejor sitio de mi anatomía para que Álex se sintiera cómodo y se agarrase al futuro que, desde hoy, ya es presente.

Y, sobre todo, gracias a la doctora Carmen Segura: por creer en nosotros, animarnos y darnos un diagnóstico que ha resultado ser perfecto, no solo para quedarnos embarazados sino para que en esos nueve meses todo haya ido fenomenal y tengamos un niño sano y feliz.

Alex es el fin de un largo y difícil camino y el inicio de otro que, desde ahora, recorreremos juntos. Cuando echemos la vista atrás, siempre estaréis en algún lugar de mis recuerdos.

A todo el equipo de UR-Moncloa, gracias.

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