La verdad tiene dos madres

Para muchas parejas el hecho tener someterse a técnicas de reproducción asistida es un tema extremadamente delicado y puede llegar a ser muy complicado de plantear. La dichosa presión social, moral y personal.

En nuestro caso esa circunstancia fue fácilmente franqueable porque nuestra única opción fue siempre recurrir a este método.

Que nadie se rompa el coco con las posibles causas, sólo hay una y muy sencilla: somos una familia homo parental. Dos mujeres. Juntas, sí. Desde hace más de 13 años.

A nosotras también nos llegó el momento, como muchos y muchas antes, en el que la vida nos pedía algo más. Y ese “algo” necesitaba un poco más de ayuda para llegar.

Nos informamos, sobre todo a través de personas conocidas y de nuestros propios médicos que nos hicieron sus recomendaciones y allí fuimos, sin saber muy bien la dimensión que iba a tomar el asunto.

El primer doctor que visitamos se dedicó claramente a boicotearnos ordenando una serie de pruebas que luego supimos eran tan molestas como innecesarias y alargando lo que pudo nuestro caso en el tiempo. (Estoy por enviarle una foto de familia feliz con nuestra hija, tal vez lo haga).

Después de este desalentador comienzo (del que me ahorro los detalles por no dar más valor a este “señor”), el camino se volvió aún más angosto… hasta que alguien nos dijo: “¿Por qué no vais a la unidad de reproducción asistida de la clínica Moncloa?” Esta persona conocía a parte del equipo y nos aseguró por encima de todo un buen trato y este punto fue lo que nos dio de nuevo aire para volver a empezar… al final todo pasa por una razón especial.

Llegamos sin librarnos del todo del temor al rechazo que tan del revés nos había dejado. Desde la recepción hasta el laboratorio todo era exactamente como nos habían dicho: un trato humano, amable, delicado y respetuoso. En cada minuto que pasamos allí (y fueron muchos).

Para colmo de paradojas, según algunos, nosotras somos personas muy creyentes por lo que también nos inquietaba el método respecto a las “normas” morales de nuestro entorno.

Carmen, que además de una médico intachable, con una capacidad increíble y un amor y respeto por la vida que supera todo lo demás; su grandísima profesionalidad, su trato inmejorable, su comprensión y empatía, y su pasión por la profesión que magistralmente desempeña… (y si a alguien le parece exagerado que pase y lo compruebe por sí mismo o que pregunte en su entorno), esta mujer, supo explicarnos, tranquilizarnos, mirarnos a los ojos, y acompañarnos en cada decisión que tuvimos que ir tomando, cada una a su tiempo. Cada una con sus circunstancias.

Nos pusimos en sus manos con toda la paz del mundo.

Y aunque el proceso es verdaderamente tedioso; hormonas, ciclos, pinchazos, medicinas, descansos, incertidumbres, esperanzas ascendentes y caídas libres, más ciclos, más hormonas, el tiempo que vuela, el positivo que no llega, más medicinas, nervios templados, nervios calientes, nervios helados, tiempo, tiempo… gracias al trabajo de este grandísimo equipo, no tuvimos que preocuparnos más que de nuestra parte. Minimizaron preocupaciones, acompañaron siempre, nos decían: “no miréis el día a día, mirad el final porque al final, que tampoco está muy lejos, tendréis vuestro bebé.”

De modo que (puede que a toro pasado sea más fácil decir esto), para nosotras, aún con las dificultades de cada momento, el proceso fue un paseo. Un camino que era de todos los que estábamos involucrados, que querían casi tanto como nosotras que llegara el momento feliz. Acompañadas por personas que nos hicieron sentir importantes, especiales, únicas, como hacen con cada una de las vidas que pasan por sus manos, también las que se sientan frente a frente con su temores y sus recelos, y sobre todo, aquellas que silenciosamente aguardan una ayuda precisa, certera, consciente para poder por fin SER.

Y al final fue.

Como nos habían dicho.

Gracias al increíble equipo de esta unidad no sólo Vera ES y ESTÁ, sino que su camino, nuestro camino, estuvo desde el principio lleno de amor, de esperanza y de paz.

(Para nosotras sobre todo gracias a Dios, y justo detrás van Carmen, Charlotte, Teresa, Pablo, Isabel, Alicia y Ana).
¡GRACIAS!

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