Niños y niñas como todos los demás

Comenzaré este artículo diciendo lo mismo que diría en mi consulta ante la mirada expectante de una pareja cuyo mayor deseo es ser padres tras aceptar ambos que existen dificultades que se lo impiden: “En términos absolutos no hay razones que deban infundir dudas ante la idea de que los niños concebidos por técnicas de reproducción asistida puedan tener algún problema de salud a lo largo de su vida. Sin embargo, sí es cierto que algunos estudios han confirmado que podrían ver levemente incrementadas las posibilidades de padecer algunas anomalías”. ¿En qué porcentaje?

Aunque la gran mayoría de los nacimientos por técnicas de reproducción asistida están libres de defectos congénitos (un 91,7% de reproducción asistida comparado con el 94,7% embarazos espontáneos), sí existe un porcentaje (8,3% en reproducción asistida y 5,8% con concepción natural) asociado a un mayor riesgo de anomalías en el caso de los tratamientos de reproducción asistida. Es decir, un 2,5% más de posibilidades respecto a lo que tendría un niño o niña concebidos de forma espontánea y considerando, en todo caso, una relación causal con la prematuridad y gemelaridad, y no tanto con la técnica utilizada para la fecundación.

Pongamos al lector en antecedentes. Fueron las universidades de Adelaida y Flinders quienes recabaron datos de los niños nacidos por distintos tratamientos de reproducción asistida desde el año 1986 hasta 2002 en aquel país. El estudio, que lleva por título “Reproductive technologies and de risk of barth defects”, publicado en la revista The New England Journal of Medicine, en el año 2012, evaluó el riesgo de malformaciones congénitas desde el nacimiento hasta los cinco años de edad en tratamientos por técnicas de reproducción asistida.

El estudio parte del análisis de todos aquellos nacimientos y gestaciones que se interrumpieron por malformaciones y establecía comparaciones entre gestaciones espontáneas, gestaciones por técnicas de reproducción asistida, mujeres con gestación espontánea tras embarazo previo con tratamiento de reproducción asistida y mujeres con historia documentada de esterilidad.

Concretando las cifras, el estudio recoge una amplísima muestra de 308.974 nacimientos e interrupciones de los cuales 308.811 fueron espontáneos y 6.163 por técnicas de reproducción asistida (un 2%).

No hubo razones para establecer una relación causal entre determinados síndromes (Down, Edwards, Patau, de Pierre Robin, Turner o los síndromes de Klinefelter) asociados a niños nacidos por técnicas de reproducción asistida.

Ambos estudios concluyeron que “la gran mayoría de nacimientos de niños a través de las distintas técnicas de reproducción asistida no presentaron alteraciones congénitas que resultaran significativas en comparación con los niños concebidos de forma natural”. Además, uno de los coordinadores de este estudio, el Dr. Michael J. Davis, reconoció públicamente que “una historia de infertilidad y otros problemas de salud subyacentes podrían incrementar el riesgo de defectos de nacimiento”; a lo que habría que añadir otros factores como la calidad ovocitaria asociada a la edad de la madre, la utilización de FIV-ICSI cuando hay una alteración seminal severa o la utilización de fármacos como el Citrato de Clomifeno sin un debido seguimiento médico que incrementa las posibilidades de embarazos múltiples (trillizos o más) con los riesgos asociados a este tipo de embarazo y no al hecho de utilizar técnicas de reproducción asistida.

Otros estudios más recientes, como el coordinado por Anna-Karina Aaris Henningsen, de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, se muestra aún más optimista respecto a la cuestión que nos ocupa. Tras analizar los datos de más de 92.000 niños en Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia a lo largo de los últimos 20 años concluye que no existen diferencias significativas respecto a posibles malformaciones congénitas o prematuridad entre los nacidos por técnicas de reproducción asistida frente al resto. Sí es muy interesante un matiz que señala el citado estudio: la transferencia de un único embrión por ciclo ha contribuido a reducir el porcentaje de riesgos asociados a la reproducción humana asistida.

En definitiva, más de 3,7 millones de niños y niñas nacen cada año gracias a las distintas técnicas de reproducción asistida. Podríamos afirmar que todos ellos tienen las mismas posibilidades de sufrir algún problema que el resto de criaturas que vienen al mundo. La cuestión es nacer con salud y vivir con dignidad. Pero, como todos sabemos, el hecho de vivir conlleva riesgos.

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