La reproducción asistida: hacia la normalización en sociedad

A principios de este año 2021 se publicaron distintas informaciones en medios de comunicación sobre el incremento de los tratamientos de reproducción asistida tras los primeros meses de la pandemia, especialmente tras el confinamiento domiciliario que todos vivimos.

Parece ser, según comentaban distintos expertos en la materia (principalmente médicos y embriólogos), que el deseo de ser madres y padres podría haberse visto estimulado por una doble causa: por un lado el aplazamiento forzado del proyecto reproductivo en muchas parejas que iban a iniciarlo en sus clínicas y, por otro, una especie de toma de conciencia sobre el paso de tiempo y cómo este incide en las posibilidades de ser padres. En ambos casos con la pandemia por Covid-19 como elemento detonante.

Existe una toma de conciencia sobre el paso de tiempo y cómo este incide en las posibilidades de ser padres

En este sentido, concretamente en el segundo caso, cabe preguntarse qué efectos ha podido tener la situación vivida por la sociedad ante una situación de emergencia sanitara global para llevar a cabo determinadas reflexiones sobre el deseo de ser padres, lo que aporta a nuestras vidas y la incertidumbre ante el futuro tras vivir lo que hemos (estamos) viviendo. Lo cierto es que la vuelta a cierto grado de normalidad también ha mitigado esa incertidumbre y ha debido espolear a muchas mujeres y hombres que se han dicho: “Adelante, quiero ser madre/padre y no hay razones para aplazarlo” porque, quizás, esto nos ha enseñado que nada es seguro y que todo puede cambiar, a pesar de nuestros planes y proyectos, y que si tenemos algo claro y lo deseamos profundamente no hay razones para aplazarlo. ¿Quién sabe?

Madres y padres iguales

Pero este extenso preludio lo expongo para abordar la cuestión que, verdaderamente, quiero plantear. Si se está percibiendo por la sociedad, los medios, la comunidad médica y científica del ámbito de la medicina reproductiva una mayor demanda de técnicas de reproducción humana, ¿será que, también, se va normalizando esta alternativa a la concepción natural cuando esta no es posible? Me refiero a una normalización social, a que aquellos padres y madres que lo han sido gracias al apoyo de técnicas de reproducción asistida hablen de esta realidad con absoluta normalidad y transparencia. Que el hecho de que tu hijo o hija haya sido concebido gracias a la medicina y, sobre todo, a la voluntad de sus padres, deje de ser un tabú.

Parece natural que aquellos padres y madres que lo han sido gracias al apoyo de técnicas de reproducción asistida hablen de esta realidad con absoluta normalidad y transparencia

Porque lo cierto es que, aún hoy, hay madres y padres que llevan con absoluta discreción la forma en que concibieron a sus hijos. Y, desde luego, no se trata de contarle a todo el mundo cómo concebiste a tu hijo (si en la habitación de un hotel, en la tuya, en una clínica o tumbados sobre la arena de la playa en una noche de luna llena). Se trata, simple y llanamente, de no ocultar, de no sentirse incómodo, de no eludir una respuesta. Es decir, no me refiero a contarlo sino a no ocultarlo (si el contexto, la situación o la conversación dan pie a ello).

Las personas que han sido madres y padres gracias a la reproducción asistida no son menos que el resto de personas que han alcanzado la maternidad/ paternidad de forma natural. Es más, este término que acabo de utilizar me disgusta porque no responde a la verdad: me refiero a “natural”. ¿Qué es natural? Lo natural es querer, es desear, es amarse y, sobre todo, es amar, amar a los hijos que has concebido (el medio es lo de menos, el resultado es lo verdaderamente trascendente), que has tenido, que has criado y has educado.

Por tanto, desde mi experiencia y de lo que puedo ver, observar y percibir -como cualquier ciudadano y ciudadana que vive en sociedad- creo comprobar cómo es, cada vez más habitual, escuchar a una mujer o un hombre decir, sin titubeos, que fueron padres por inseminación artificial (tampoco me gusta el término) o fecundación in vitro o reproducción asistida.

Desde la humildad y el respeto a lo que cada uno decida y haga con su vida, animo a todas las mamás y papás que lo han sido por esta vía a que ayuden a normalizar esta realidad, cada vez más demandada, y a que vaya calando en el inconsciente colectivo que lo importante no es cómo fuimos padres sino, principalmente, que seamos buenos padres.

← Volver